La espirulina es un alga unicelular que crece en agua dulce. Este alga tiene un color verde azulado que se debe a la gran cantidad de clorofila que contiene, que le aporta el color verde y a la ficocianina, que le aporta el color azul.
Se llama espirulina por su aspecto en forma de espiral.
A parte de la gran cantidad de proteínas vegetales que contiene, la espirulina posee una larga lista de vitaminas, minerales, ácidos grasos y ácidos nucleicos. Es el único alimento, a demás de la leche materna, que contiene ácido gamma linoleico.
Tiene a demás 10 veces más carotenoides que la zanahoria.
Y es este aspecto, el de su uso en cosmética, el que quiero resaltar.
La clorofila, y sobre todo la ficocianina que contiene hacen que la espirulina sea un potente antioxidante y regenerador de la piel, ayudando en el rejuvenecimiento de la misma, así como en la eliminación de arrugas, marcas de la piel o estrías.
Es un buen reafirmante y tonificante de la piel, y ayuda a combatir los radicales libres, por lo que también es un buen anticelulítico.
Debido a la cantidad de ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales que contiene este alga, no sólo fortalece la piel, sino también el cabello y las uñas (gracias a la presencia, por ejemplo, del ácido pantoténico o el ácido fólico).
Como alimento, ya veis que la espirulina es estupenda; pero no pretendo recomendarla, no es esa mi intención porque no soy ni dietista, ni nutricionista, ni médico, ni nada parecido; y a demás nunca la he tomado. Pero sí os animo a utilizarla para elaborar vuestros jabones, cremas, mascarillas, etc. A mí me encanta y seguro que a vosotros también os va a gustar.
Se suele comercializar en forma de pastillas, en polvo o en cápsulas, y la podéis encontrar en herbolarios o tiendas de dietética.







